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domingo, 17 de enero de 2010

Wolfgang Amadeus Mozart VII: Quintetos para Cuerdas Parte III


El caso de Mozart se me antoja inexplicable. ¿Cómo, si no, podría manifestarse la Divinidad, a no ser por la evidencia de los milagros que se producen en algunos hombres, que no hacen sino asombrarnos y desconcertarnos?
Johann W. von Goethe

V - Quinteto de Cuerdas Nº 5
en Re Mayor, KV 593
Gestados a escasos cuatro meses de distancia entre ambos, los dos últimos quintetos de cuerda  mozartianos se inscriben en el tramo final de la vida del compositor. Más concisos que los que integran el dúo anterior (los admirables K 515 y 516), los Quintetos K 593 y 614 materializan la bisagra temporal que separa dos etapas decisivas en la accidentada biografía del salzburgués.

Fechado por Mozart en diciembre de 1790, exactamente un año antes de su temprana muerte, el Quinteto nº 5 en Re mayor, K 593 representa, como pocas de entre sus partituras de aquella época, el resurgir del genio creador tras un período especialmente amargo en lo personal y desastroso en lo productivo: el que sucede a la negativa acogida vienesa al estreno de Così fan tutte el 26 de enero, la reinstrumentación en el mes de julio de dos oratorios haendelianos para el barón van Swieten (El festín de Alejandro y la Oda a Santa Cecilia) y un decepcionante viaje a Fráncfort en septiembre -el último viaje de Mozart- con motivo de los festejos que rodearon la coronación de Leopoldo II como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Como precisa Halbreich, “de vuelta a Viena a comienzos de noviembre, con menos dinero que nunca, iba a operarse un resurgimiento fulminante y, en un ramalazo vital, acumularía obras maestras a un ritmo asombroso durante los doce meses que le quedaban de vida”. Todo apunta a que la indicación de Composto per un Amatore ongharese (Compuesto para un aficionado húngaro), inserta en la primera edición de los K 593 y 614, elaborada por Artaria en mayo de 1793, hace referencia al acaudalado comerciante Johann Tost, en otro tiempo segundo violín en la orquesta del príncipe Esterházy, unido al músico por sus lazos con la francmasonería y a quien Joseph Haydn había dedicado poco antes los doce cuartetos de cuerda que integran sus Opus 54, 55 y 64.

Sea ésta la razón del renacido interés mozartiano por el quinteto de cuerda o se trate, simplemente, de una necesidad interior del compositor para materializar sus ideas musicales mediante una plantilla instrumental con la que, a juzgar por los excepcionales resultados conseguidos tres años atrás, parecía sentirse plenamente a gusto, el resultado en ambos casos fue, de nuevo, plenamente satisfactorio.

01-Larghetto - Allegro - Larghetto

Una solemne introducción lenta a modo de sucesivas preguntas y respuestas entre el violonchelo y los instrumentos agudos, marcada Larghetto, preludia de modo casi excepcional en la producción camerística mozartiana la irrupción del esperado primer Allegro, de marcada densidad contrapuntística que -otra rareza de un compositor, aquí, decididamente imprevisible- concluye su minucioso discurso con la inesperada reaparición, casi integra, del Larghetto inicial.

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02-Adagio
Dos temas estructuran el armazón del Adagio, página de emocionante patetismo y similar aliento al movimiento lento de la todavía cercana en el tiempo Sinfonía “Júpiter”: sereno y melancólico el primero y atormentado, casi febril, el segundo, a cargo del primer violín.


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03-Menuetto - Allegretto
La espontánea y viril rusticidad del Menuetto-Allegretto y los ritmos de danza popular que evoca el transparente Ländler del trío central, en el que el canto del primer violín parece emular trinos de pájaro, son rasgos que tiñen este delicioso movimiento con ecos haydnianos.

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04- Allegro
En forma de rondó, el Allegro conclusivo, efervescente y saltarín, con una levedad de trazo casi milagrosa, corrobora de nuevo la atracción de Mozart hacia la escritura fugada.

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VI - Quinteto de Cuerdas Nº 6
en Mi bemol mayor, K 614
Tras la inusitada sequía creadora de 1790, la venturosa gestación del Quinteto K 593 preludia una fulgurante floración de partituras memorables que ocuparán al músico a lo largo de los primeros meses del año siguiente y que ya sólo se detendrá  con su muerte, acaecida el 5 de diciembre de 1791. Nacen así el Concierto para piano nº 27 en Si bemol mayor, K. 595, las Fantasías para órgano mecánico K 594 y 608 y toda una serie de breves piezas orquestales de contenido danzable: los Minuetos K 599, 601 y 604, las Danzas alemanas K 600, 602 y 605 y las Contradanzas K 603, 607 y 609.

La composición del Quinteto nº 6 en Mi bemol mayor, K 614, fechado el 12 de abril, coincide con la escritura de la primera parte de La flauta mágica, una solicitud de Emmanuel Schikaneder -hermano de Mozart en la masonería, al igual que el ya citado Johann Tost- cuya redacción ocupará al salzburgués hasta finales de septiembre. Ambas obras, el delicioso Singspiel y el que habría de ser el último de sus quintetos, comparten idéntica tonalidad y una misma inspiración de “simplicidad casi popular” (Halbreich).

A menos de ocho meses de su extinción física, Mozart se despide de este género, al que acababa de suministrar tres de sus obras más hondas y conmovedoras, con una partitura optimista, serena y luminosa cuya placidez, que se diría ajena ya a las contingencias terrenales, haría preguntarse a los Massin: “¿Es la alegría de trabajar en una ópera nueva lo que irradia la obra mozartiana? ¿Es una iluminación espiritual lo que la conduce a este despojamiento?”

La riqueza temática de que hiciera gala el Quinteto K 593 cede ahora el paso ante una escritura esencializada, de transparencia y desnudez máximas, que subraya el entramado contrapuntístico y estructural de la obra y en donde la poderosa impronta melódica de Joseph Haydn parece evocarse por momentos, a modo de emocionado homenaje del fiel alumno a su siempre admirado maestro.

01-Allegro di molto
Una inagotable fluidez rítmica caracteriza al Allegro di molto inicial, cuyo motivo principal bien podría imaginarse en la voz de las trompas, como una fanfarria cuyos insistentes trinos dieran comienzo a una vibrante escena de caza; imagen frecuente en la obra de Haydn o, incluso, del propio Mozart.

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02-Andante
Si no resulta difícil imaginar este movimiento ambientado al aire libre, al estilo de una serenata o divertimento
para instrumentos de viento, el Andante que sigue es, indiscutiblemente, una escena de interior, cuyo sereno e introspectivo discurso desarrolla un tema con variaciones emparentado con el aria “Wenn der Freude Tränen fliessen”, que Belmonte canta en el segundo acto de El rapto en el serrallo.

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03-Menuetto-Allegretto
La sombra haydniana sobrevuela, como apuntábamos, los dos movimientos finales. El apacible Menuetto-Allegretto, con su tono habitual de danza campesina, encierra un trío cuyo tema arrullador insinúa la presencia de una cornamusa.

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04-Allegro
Un último Allegro, de amplio desarrollo ricamente elaborado en su faceta contrapuntística, clausura este quinteto, “tejido enteramente de luz”, que constituye para Mila “el triunfo del juego puro”. En 1793, dos años después de la muerte de Mozart, Artaria publicaba en Viena esta obra junto con su predecesora.

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Texto

Juan Manuel Viana: PDF sobre la integral de los Quintetos de Cuerdas de Mozart conciertos organizados por la Fundación Juan March - Madrid - Diciembre de 2008

SOBRE LA VERSIÓN DE LOS DOS QUINTETOS:
Violín I: Arthur Grumiaux
Violín II: Arpad Gérecz
Viola I: Georges Janzer
Viola II: Max Lesueur
Cello: Eva Czako

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eldalai - se agradecen comentarios

Wolfgang Amadeus Mozart VI: Quintetos para Cuerdas Parte II


En cierta ocasión le preguntaron a Gioacchino Rossini:
— ¿Quién es el más grande de los músicos?
— Beethoven —respondió el autor de El Barbero de Sevilla.
— ¿Y Mozart? —insistió quien preguntaba
— ¿Mozart? —dijo Rossini— ¡Ah, Mozart es único!

III - Quinteto de Cuerdas Nº 3
en Sol menor, KV 516
Catorce años habrían de transcurrir entre la primera incursión mozartiana en el terreno del quinteto de cuerda y el conjunto de dos (los K 515 y 516) en los que se desdobla la segunda: un dúo de obras maestras, absolutamente memorables, fechadas en Viena a sólo un mes de distancia y que muestran la portentosa evolución que, en el lapso de apenas tres lustros, había experimentado el genio de Salzburgo.

El Quinteto en Sol menor, K 516 -“una de las obras más trágicas de Mozart”, en palabras de Rosen y probablemente la cima absoluta de toda su producción en este terreno- fue concluido el 16 de mayo de 1787, es decir un mes después que su hermano mayor el Quinteto en Do mayor, K 515, entre dos viajes sucesivos a Praga: el efectuado en enero-febrero de ese año, para la representación triunfal de Las bodas de Fígaro, y el que transcurre en octubre-noviembre con motivo del estreno de Don Giovanni.

En todo caso, el carácter sombrío, atormentado y convulso que, por momentos, deja traslucir esta obra extraordinaria no fue consecuencia, como se pensó durante mucho tiempo, del desánimo provocado en su autor por la muerte en Salzburgo de Leopold Mozart, ocurrida el 28 de mayo. Más bien cabe atribuirlo al sentimiento de tragedia y dolor que el compositor atribuirá siempre a la tonalidad de Sol menor y que esta partitura comparte con las Sinfonías K 183 (1773) y K 550 (1788), el Cuarteto con piano K 478 (1785) o el aria de Pamina “Ach, ich Fühl’s, es ist verschwunden” de La flauta mágica.

01-Allegro:
Los dos violines y la primera viola, y a continuación las dos violas y el violonchelo, exponen el primer tema, agitado y febril, del amplio Allegro inicial en el que Mozart acierta a expresar un sentimiento de inquietud y desesperación que no hace sino incrementarse a lo largo de su desarrollo. La dramática coda -“pánico de una suprema angustia”, en palabras de los Massin- se cierra con unos inapelables acordes en fortissimo.

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02-Menuetto-Allegretto
Mozart invierte aquí el orden establecido por la tradición y sitúa en segunda posición un introvertido Menuetto-Allegretto que, lejos de la ligereza y rústica simplicidad acostumbradas, aparece poblado de silencios, suspiros y acentos disonantes en consonancia con el clima fatalista del movimiento anterior, que solamente interrumpe la consoladora ternura del trío central.

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03-Adagio ma non troppo
En el sereno Adagio ma non troppo subsiguiente, que Einstein calificara como “oración de un alma aislada y rodeada de abismos”, Mozart recupera el empleo de sordinas que ya utilizara en el movimiento análogo del Quinteto K 174. Emocionante y conmovedora plegaria, el movimiento parece suscribir las palabras de Tchaikovsky a propósito de su adorado Mozart: “Nadie ha expresado nunca tan bien en música el sentimiento de un dolor resignado, sin esperanza”.

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04-Finale: Adagio-Allegro
De nuevo contra lo establecido, el Finale está introducido por un breve Adagio oscuro y melancólico -a cargo del primer violín y puntuado por pizzicati- que cede enseguida paso al Allegro final en forma de rondó en el que se disipa milagrosamente, en un último gesto de risueña liberación -para algunos un tanto forzada-,la atmósfera sombría acumulada en los movimientos precedentes.

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IV - Quinteto de Cuerdas Nº 4
en Do menor, KV 516b (KV 406)
Aunque catalogado con un engañoso K 406, de ahí que antiguamente apareciera numerado como segundo quinteto de la serie, el Quinteto nº 4 en Do menor es contemporáneo, como ya se ha señalado, de los Quintetos K 515 y 516 de 1787. La obra que nos ocupa es no sólo la más breve de toda la colección sino también la única que, aunque su perfecta configuración sonora apenas lo delate, no fue compuesta originariamente para un efectivo de cuerdas.

En efecto, el hoy numerado como Quinteto nº 4 constituye la transcripción de una obra anterior, la Nachtmusik o Serenata para vientos en Do menor, K 388. Fechada en Viena entre el 20 y el 28 de julio de 1782, pocos días después del estreno de El rapto en el serrallo, esta composición para ocho vientos (dos oboes, dos clarinetes, dos trompas y dos fagotes) presenta únicamente cuatro movimientos, al modo sinfónico, prescindiendo de las secciones adicionales -marcha, segundo minueto y segundo adagio- habituales en la estructura de otras muchas serenatas de estética galante.

Si el trabajo de reelaboración tímbrica efectuado por Mozart respecto a la partitura de base es magistral, no lo es menos la propia sustancia musical de la serenata primigenia. Quizá el propio compositor pensara que la seriedad y densidad de la obra rebasaba lo acostumbrado en este tipo de músicas desenfadadas, interpretadas por lo general al aire libre. De ahí su empeño (y también la necesidad de añadir para su venta conjunta, en un plazo de tiempo breve, una tercera obra a los dos Quintetos K 515 y 516) en realizar esta revisión que, respetando la serenata casi literalmente, reconduce la obra original al territorio cerrado, estricto, de lo puramente camerístico.

En el trasvase de ocho vientos a cinco cuerdas (grosso modo, los violines sustituyen a los oboes, las violas a los clarinetes y el violonchelo a los fagotes) resulta inevitable la pérdida de colores y contrastes tímbricos, de efectos policorales o posibilidades combinatorias, pero el resultado final, si bien ciertamente más monocromo, no resulta por ello menos atractivo.

01- Allegro
En forma de sonata, el ardiente Allegro inicial sorprende por su energía, tensión y dramatismo, que sobrepasan sin duda las convenciones expresivas del marco instrumental original.

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02-Andante
Los inesperados contrastes dinámicos de este movimiento quedan amortiguados en el remansado Andante, también en forma sonata, regido por un clima de recogida y austera ensoñación.

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03-Menuetto in canone
Aún más portentoso es el Menuetto in canone que sigue, una preciosa página de exquisita elaboración contrapuntística -escúchese el asombroso canon en espejo del trío- cercana a la que exhibirá años después el movimiento análogo de la Sinfonía en Sol menor K 550.

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04-Allegro
Un Allegro en forma de tema con variaciones, nuevo prodigio de imaginación mozartiana en el que se alternan “estados de ánimo diversos y contrapuestos” (Paumgartner) culmina la obra de modo radiante, si bien aquí sí se eche en falta algo de la fresca paleta tímbrica del original.

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Texto

Juan Manuel Viana: PDF sobre la integral de los Quintetos de Cuerdas de Mozart conciertos organizados por la Fundación Juan March - Madrid - Diciembre de 2008

SOBRE LA VERSIÓN DE LOS DOS QUINTETOS:
Violín I: Arthur Grumiaux
Violín II: Arpad Gérecz
Viola I: Georges Janzer
Viola II: Max Lesueur
Cello: Eva Czako

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Wolfgang Amadeus Mozart V: Quintetos para Cuerdas Parte I


No me interesa la alabanza o crítica, me basta con seguir mis propios sentimientos.
Wolfgang Amadeus Mozart
Si existe un género camerístico transfigurado, por así decir, merced a la impagable contribución mozartiana -relativamente extensa, prolongada en el tiempo y sin posible comparación con lo que había venido antes que ella y vendría en décadas futuras- ése es el quinteto de cuerda. Al menos en la configuración instrumental (dos violines, dos violas y un violonchelo) que, sin excepción, desarrolló a lo largo y ancho de sus seis ejemplares composiciones para la citada formación el músico salzburgués.


Cuando, con diecisiete años, Mozart acomete su primer trabajo destinado a esta plantilla, el quinteto de cuerda apenas puede presumir de historia. Durante el transcurso de la segunda mitad del siglo XVI y de todo el XVII, la escritura a cinco voces gozó de amplio predicamento en el terreno vocal a través de las diversas escuelas madrigalísticas italiana, alemana e inglesa, con ejemplos señeros debidos a autores como Marenzio, Gesualdo, Monteverdi, D’India, Schütz, Schein, Byrd, Weelkes y Gibbons, entre otros.

Más de un siglo antes de Mozart, las composiciones para quinteto instrumental de cuerdas sin apoyo del bajo continuo alcanzan algunas de sus cimas de expresividad y equilibrio polifónico más inalcanzables gracias al consort de violas, género que conoce un singular apogeo en la orgullosa Inglaterra del período isabelino. A mediados del siglo XVIII, el quinteto de cuerda -tal y como hoy lo entendemos- podía aún considerarse como una forma a medio camino entre la música de cámara y la orquestal. Los ensayos primerizos del italiano Sammartini y del bohemio italianizante Myslivecek difieren poco, en esencia, de las convencionales sinfonías para cuerdas. En otros casos, su carácter extrovertido y ligero,que lo diferencia del severo cuarteto de cuerda, tiende a aproximarlo al territorio mundano del divertimento y la serenata.

En la década de los setenta, cuando Mozart comienza su andadura en este repertorio, la distribución instrumental de los quintetos de cuerda no tiene, en modo alguno, un carácter fijo o cerrado. Algunas composiciones hacen uso de dos violines, dos violas y un contrabajo mientras otras emplean tres violines, una viola y un contrabajo. Si en Viena y en otras ciudades centroeuropeas se establece el reparto por el que optará Mozart (dos violines, dos violas y un violonchelo), en Madrid Luigi Boccherini -el mayor creador de quintetos de la época, en calidad y cantidad, hasta la llegada del salzburgués- escoge por abrumadora mayoría, entre más de un centenar de composiciones realizadas, una plantilla integrada por dos violines, una viola y dos violonchelos.

El infrecuente modelo boccheriniano resulta fácilmente explicable: el propio compositor era un soberbio violonchelista que, para uso propio, necesita disponer de un amplio repertorio susceptible de ser interpretado por él en compañía del cuarteto de cuerda (dos violines, viola y violonchelo) de que disponía en el palacio del Infante Don Luis de Borbón, su patrono. Además, en 1784 Boccherini entraba en contacto con el entonces príncipe Federico Guillermo de Prusia que, asimismo gran violonchelista, sería destinatario de buena parte de su producción posterior.

Relativamente alejado de las grandes corrientes de la música europea, el músico de Lucca afincado en España no crea una escuela o descendencia que prosiga su obra. Aunque muy apreciados por los medios aristocráticos, los quintetos de Boccherini estaban demasiado ligados a las condiciones particulares que los vieron nacer y al virtuosismo del músico como intérprete de sí mismo. El primer violín y el primer violonchelo (cuya parte está habitualmente escrita en su registro más agudo o “violonchelo alto”, lo que acerca su sonoridad a la de la viola) son, por lo general, protagonistas de un discurso musical que reserva a los otros instrumentos papeles mucho menos lucidos.

De ahí que, como apunta Prefumo, “no nos sorprenda si, al pasar de las manos de Boccherini a las de otros autores con una tradición musical diferente, el quinteto de cuerda sufre profundas transformaciones, empezando por la sustitución del segundo violonchelo por una segunda viola, más práctica”. Incluso en los últimos años de su vida, Boccherini escribe los Quintetos Op. 60 y 62 para un efectivo de dos violines, dos violas y un violonchelo.

Es ése el modelo elegido también por Michael Haydn para sus tres quintetos de cuerda de 1773, probablemente las primeras obras maestras del género y espejo en el que se mirará el joven Mozart para escribir, aquel mismo año, la primera de sus seis obras destinadas a esta formación. Si la predilección de Boccherini por el violonchelo era comprensible, también lo es la del salzburgués por añadir una segunda viola al tradicional cuarteto de cuerda, pues era este último instrumento el que Mozart tocaba habitualmente cuando participaba en veladas camerísticas. El cuidado que, desde sus primeras obras, concede a las voces intermedias confirma así una opción que favorece igualmente la ampliación de las posibilidades polifónicas y contrapuntísticas sin detrimento de la deseada homogeneidad tímbrica.

I - Quinteto de Cuerdas nº 1
en Si bemol mayor, KV 174

Su primer quinteto constituye,el trabajo de un músico todavía adolescente, una suerte de precoz ejercicio de estilo. El comienzo de la serie que nos ocupa coincide asimismo, en la vida del salzburgués, con la composición de otras obras, en cierto modo, pioneras en su catálogo: el primer concierto para piano verdaderamente auténtico (el K 175 en Re mayor, pues, como es sabido, los cuatro anteriores no fueron sino arreglos de partituras ajenas) y el primero de sus conciertos para instrumentos de viento solista (el Concierto para fagot K 191, posterior en unos meses), a los que deben añadirse las Sinfonías K 200, 183 y 201, que “vuelven definitivamente la página de la infancia mozartiana” (Halbreich).


El 17 de febrero de 1773 Michael Haydn, residente también en Salzburgo, concluía el primero de sus quintetos de cuerda para dos violines, dos violas y violonchelo, escrito en la tonalidad de Do mayor. Sólo tras conocer esta obra, en marzo del mismo año, el joven Mozart -de regreso a su ciudad natal tras el tercer y último viaje a Italia en compañía de su padre- decide acometer la escritura de un quinteto de cuerda para la misma formación instrumental, que concluye en el mes de julio. Poco después, a comienzos de diciembre, Michael Haydn compone un nuevo quinteto, esta vez en Sol mayor, cuya escucha provoca en Mozart, muy permeable a la influencia de quien fuera amigo y habitual huésped de la casa paterna, la reelaboración de dos de sus movimientos. Así, reemplaza el trío del Minueto por una nueva pieza y modifica el Allegro final para enfatizar su componente contrapuntística.

El resultado definitivo es una obra heterogénea, de naturaleza híbrida, a medio camino entre el espíritu ligero y mundano del divertimento o la serenata y el más consistente e introspectivo del genuino repertorio camerístico. En efecto, si para Rosen “más que de un verdadero quinteto se trata de un divertimento que se autoexcluye de posibilidades de una mayor seriedad, pues no consiente ni el contraste dramático entre un solista y la gran masa, característico del concierto, ni la compleja intimidad de la verdadera música de cámara”, según Abert la obra “tiene todavía carácter de divertimento, como prueban sobre todo las tres codas y el frecuente juego de respuestas entre el primer violín y la primera viola”.

01-Allegro
Un extenso Allegro moderato en la tradicional forma sonata inicia la obra. Página cálida y luminosa, pródiga en ideas, cuyo melodismo parece contagiado de la soleada música italiana que Mozart había escuchado muy poco antes. La densidad polifónica del desarrollo confirma la apuesta del músico por la seriedad en la expresión.

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02-Adagio
El empleo de sordina para todos los instrumentos con excepción del violonchelo y el frecuente diálogo entre los primeros atriles de violín y viola dominan el curso del Adagio, de naturaleza apacible y meditativa, casi propio de una serenata nocturna.

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03-Menuetto ma allegreto/Trio
De naturaleza muy distinta, el haydniano Menuetto ma allegretto -el movimiento más conciso de toda la partitura- recupera la acostumbrada atmósfera, despreocupada y sonriente, de tantas páginas salonescas contemporáneas. La reescritura del trío central, más dilatado en su versión última, favorece los juegos de eco entre las parejas de instrumentos.

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04-Allegro
De talante virtuosístico y densa textura polifónica, la ambiciosa forma sonata que estructura el Allegro final, ampliado igualmente en la revisión, inclina el peso expresivo de la composición -en perfecta simetría con su elaborado comienzo y tras la mayor levedad de sus movimientos centrales- hacia sus dos elaborados y complejos extremos.

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II-Quinteto de Cuerdas Nº 2
en Do Mayor, KV 515
La composición de los Quintetos K 515 y 516 transcurrió en la capital austríaca, con un mes de intervalo, durante la primavera de 1787. Iniciada su redacción en marzo, el Quinteto en Do mayor, K 515 -el de proporciones más vastas de toda la serie- queda concluido el 19 de abril, es decir inmediatamente antes de que su autor comenzara a trabajar en Don Giovanni, con cuyos pasajes más solemnes y majestuosos comparte cierto aire de familia.

Junto con el coetáneo Quinteto en Do menor, K 406 (transcripción de la Serenata para vientos en Do menor, K 388), los Quintetos K 515 y 516 pertenecen a un período pletórico de la creación mozartiana. No obstante, instalado en Viena desde 1781, su condición de “compositor libre” comenzaba a traducirse en una situación económica lindante con la precariedad. De ahí, acaso, la necesidad de retomar la idea de componer quintetos de cuerda, bien para dedicarlos a algún rico mecenas que aliviara sus dificultades financieras o para venderlos mediante suscripción.

Es probable que, como apunta Einstein, la pareja de nuevos quintetos de cuerda fuera elaborada por Mozart con objeto de dedicárselos a quien desde 1876 ostentaba el trono de Prusia, Federico Guillermo II, notable violonchelista que acababa de contratar como músico de la corte a Boccherini aunque, en ese caso, hubiera sido más lógico emplear -a semejanza del músico italiano- la plantilla de dos violonchelos y otorgar así mayor protagonismo a su ilustre destinatario.

En todo caso, el 1 de abril de 1788 el Wiener Zeitung publicaba un anuncio en el que se ofrecían “Tres nuevos quintetos a 2 Violini, 2 Viole, e Violoncello, que ofrezco a la venta por suscripción, en hermosas y correctas copias. El precio de suscripción es de 4 ducados […]. Kapellmeister Mozart, en la actualidad al servicio de su majestad”. Una oferta, referida a los Quintetos K 515, 516 y 406, que no encontraría eco entre el público vienés, lo que obligaría al compositor a prorrogar el plazo de entrega hasta el 1 de enero de 1789.

Gemelo y, a la vez, opuesto en carácter a su hermano inmediato en Sol menor, el Quinteto K 515 -optimista, seguro, vital- muestra para Halbreich “una majestad olímpica y que sobrepasa a todas las otras obras instrumentales de Mozart por la amplitud de sus desarrollos”.

01-Allegro
Un motivo enérgico a cargo del primer violín y el violonchelo -que desarrolla aquí un papel claramente concertante- inaugura el discurso del concentrado Allegro inicial, página muy dilatada que muestra la soberana sabiduría constructiva y el perfecto equilibrio entre las diversas voces logrados por el aún joven músico.

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02-Andante
Los diálogos entre el primer violín y la viola proliferan en el apasionado Andante, cuyo trazo delicado y aéreo parece evocar la reposada atmósfera nocturna de una escena operística.

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03-Menuetto-Allegretto
El Menuetto sorprende por su impropia y enrarecida melancolía, poblada de audaces cromatismos. A destacar igualmente las desusadas dimensiones del trío, a modo de nostálgico Ländler de aroma preschubertiano.

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04-Allegro
Un ambicioso Allegro en forma de rondó sonata de tono galante y extraordinaria riqueza motívica -muestra elocuente del logrado maridaje conseguido por Mozart entre “homofonía y contrapunto, galantería y erudición” (Einstein)- otorga libre curso al virtuosismo del primer violín.

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Texto

Juan Manuel Viana: PDF sobre la integral de los Quintetos de Cuerdas de Mozart conciertos organizados por la Fundación Juan March - Madrid - Diciembre de 2008

SOBRE LA VERSIÓN DE LOS DOS QUINTETOS:
Violín I: Arthur Grumiaux
Violín II: Arpad Gérecz
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