domingo, 17 de enero de 2010

Wolfgang Amadeus Mozart V: Quintetos para Cuerdas Parte I


No me interesa la alabanza o crítica, me basta con seguir mis propios sentimientos.
Wolfgang Amadeus Mozart
Si existe un género camerístico transfigurado, por así decir, merced a la impagable contribución mozartiana -relativamente extensa, prolongada en el tiempo y sin posible comparación con lo que había venido antes que ella y vendría en décadas futuras- ése es el quinteto de cuerda. Al menos en la configuración instrumental (dos violines, dos violas y un violonchelo) que, sin excepción, desarrolló a lo largo y ancho de sus seis ejemplares composiciones para la citada formación el músico salzburgués.


Cuando, con diecisiete años, Mozart acomete su primer trabajo destinado a esta plantilla, el quinteto de cuerda apenas puede presumir de historia. Durante el transcurso de la segunda mitad del siglo XVI y de todo el XVII, la escritura a cinco voces gozó de amplio predicamento en el terreno vocal a través de las diversas escuelas madrigalísticas italiana, alemana e inglesa, con ejemplos señeros debidos a autores como Marenzio, Gesualdo, Monteverdi, D’India, Schütz, Schein, Byrd, Weelkes y Gibbons, entre otros.

Más de un siglo antes de Mozart, las composiciones para quinteto instrumental de cuerdas sin apoyo del bajo continuo alcanzan algunas de sus cimas de expresividad y equilibrio polifónico más inalcanzables gracias al consort de violas, género que conoce un singular apogeo en la orgullosa Inglaterra del período isabelino. A mediados del siglo XVIII, el quinteto de cuerda -tal y como hoy lo entendemos- podía aún considerarse como una forma a medio camino entre la música de cámara y la orquestal. Los ensayos primerizos del italiano Sammartini y del bohemio italianizante Myslivecek difieren poco, en esencia, de las convencionales sinfonías para cuerdas. En otros casos, su carácter extrovertido y ligero,que lo diferencia del severo cuarteto de cuerda, tiende a aproximarlo al territorio mundano del divertimento y la serenata.

En la década de los setenta, cuando Mozart comienza su andadura en este repertorio, la distribución instrumental de los quintetos de cuerda no tiene, en modo alguno, un carácter fijo o cerrado. Algunas composiciones hacen uso de dos violines, dos violas y un contrabajo mientras otras emplean tres violines, una viola y un contrabajo. Si en Viena y en otras ciudades centroeuropeas se establece el reparto por el que optará Mozart (dos violines, dos violas y un violonchelo), en Madrid Luigi Boccherini -el mayor creador de quintetos de la época, en calidad y cantidad, hasta la llegada del salzburgués- escoge por abrumadora mayoría, entre más de un centenar de composiciones realizadas, una plantilla integrada por dos violines, una viola y dos violonchelos.

El infrecuente modelo boccheriniano resulta fácilmente explicable: el propio compositor era un soberbio violonchelista que, para uso propio, necesita disponer de un amplio repertorio susceptible de ser interpretado por él en compañía del cuarteto de cuerda (dos violines, viola y violonchelo) de que disponía en el palacio del Infante Don Luis de Borbón, su patrono. Además, en 1784 Boccherini entraba en contacto con el entonces príncipe Federico Guillermo de Prusia que, asimismo gran violonchelista, sería destinatario de buena parte de su producción posterior.

Relativamente alejado de las grandes corrientes de la música europea, el músico de Lucca afincado en España no crea una escuela o descendencia que prosiga su obra. Aunque muy apreciados por los medios aristocráticos, los quintetos de Boccherini estaban demasiado ligados a las condiciones particulares que los vieron nacer y al virtuosismo del músico como intérprete de sí mismo. El primer violín y el primer violonchelo (cuya parte está habitualmente escrita en su registro más agudo o “violonchelo alto”, lo que acerca su sonoridad a la de la viola) son, por lo general, protagonistas de un discurso musical que reserva a los otros instrumentos papeles mucho menos lucidos.

De ahí que, como apunta Prefumo, “no nos sorprenda si, al pasar de las manos de Boccherini a las de otros autores con una tradición musical diferente, el quinteto de cuerda sufre profundas transformaciones, empezando por la sustitución del segundo violonchelo por una segunda viola, más práctica”. Incluso en los últimos años de su vida, Boccherini escribe los Quintetos Op. 60 y 62 para un efectivo de dos violines, dos violas y un violonchelo.

Es ése el modelo elegido también por Michael Haydn para sus tres quintetos de cuerda de 1773, probablemente las primeras obras maestras del género y espejo en el que se mirará el joven Mozart para escribir, aquel mismo año, la primera de sus seis obras destinadas a esta formación. Si la predilección de Boccherini por el violonchelo era comprensible, también lo es la del salzburgués por añadir una segunda viola al tradicional cuarteto de cuerda, pues era este último instrumento el que Mozart tocaba habitualmente cuando participaba en veladas camerísticas. El cuidado que, desde sus primeras obras, concede a las voces intermedias confirma así una opción que favorece igualmente la ampliación de las posibilidades polifónicas y contrapuntísticas sin detrimento de la deseada homogeneidad tímbrica.

I - Quinteto de Cuerdas nº 1
en Si bemol mayor, KV 174

Su primer quinteto constituye,el trabajo de un músico todavía adolescente, una suerte de precoz ejercicio de estilo. El comienzo de la serie que nos ocupa coincide asimismo, en la vida del salzburgués, con la composición de otras obras, en cierto modo, pioneras en su catálogo: el primer concierto para piano verdaderamente auténtico (el K 175 en Re mayor, pues, como es sabido, los cuatro anteriores no fueron sino arreglos de partituras ajenas) y el primero de sus conciertos para instrumentos de viento solista (el Concierto para fagot K 191, posterior en unos meses), a los que deben añadirse las Sinfonías K 200, 183 y 201, que “vuelven definitivamente la página de la infancia mozartiana” (Halbreich).


El 17 de febrero de 1773 Michael Haydn, residente también en Salzburgo, concluía el primero de sus quintetos de cuerda para dos violines, dos violas y violonchelo, escrito en la tonalidad de Do mayor. Sólo tras conocer esta obra, en marzo del mismo año, el joven Mozart -de regreso a su ciudad natal tras el tercer y último viaje a Italia en compañía de su padre- decide acometer la escritura de un quinteto de cuerda para la misma formación instrumental, que concluye en el mes de julio. Poco después, a comienzos de diciembre, Michael Haydn compone un nuevo quinteto, esta vez en Sol mayor, cuya escucha provoca en Mozart, muy permeable a la influencia de quien fuera amigo y habitual huésped de la casa paterna, la reelaboración de dos de sus movimientos. Así, reemplaza el trío del Minueto por una nueva pieza y modifica el Allegro final para enfatizar su componente contrapuntística.

El resultado definitivo es una obra heterogénea, de naturaleza híbrida, a medio camino entre el espíritu ligero y mundano del divertimento o la serenata y el más consistente e introspectivo del genuino repertorio camerístico. En efecto, si para Rosen “más que de un verdadero quinteto se trata de un divertimento que se autoexcluye de posibilidades de una mayor seriedad, pues no consiente ni el contraste dramático entre un solista y la gran masa, característico del concierto, ni la compleja intimidad de la verdadera música de cámara”, según Abert la obra “tiene todavía carácter de divertimento, como prueban sobre todo las tres codas y el frecuente juego de respuestas entre el primer violín y la primera viola”.

01-Allegro
Un extenso Allegro moderato en la tradicional forma sonata inicia la obra. Página cálida y luminosa, pródiga en ideas, cuyo melodismo parece contagiado de la soleada música italiana que Mozart había escuchado muy poco antes. La densidad polifónica del desarrollo confirma la apuesta del músico por la seriedad en la expresión.

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02-Adagio
El empleo de sordina para todos los instrumentos con excepción del violonchelo y el frecuente diálogo entre los primeros atriles de violín y viola dominan el curso del Adagio, de naturaleza apacible y meditativa, casi propio de una serenata nocturna.

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03-Menuetto ma allegreto/Trio
De naturaleza muy distinta, el haydniano Menuetto ma allegretto -el movimiento más conciso de toda la partitura- recupera la acostumbrada atmósfera, despreocupada y sonriente, de tantas páginas salonescas contemporáneas. La reescritura del trío central, más dilatado en su versión última, favorece los juegos de eco entre las parejas de instrumentos.

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04-Allegro
De talante virtuosístico y densa textura polifónica, la ambiciosa forma sonata que estructura el Allegro final, ampliado igualmente en la revisión, inclina el peso expresivo de la composición -en perfecta simetría con su elaborado comienzo y tras la mayor levedad de sus movimientos centrales- hacia sus dos elaborados y complejos extremos.

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II-Quinteto de Cuerdas Nº 2
en Do Mayor, KV 515
La composición de los Quintetos K 515 y 516 transcurrió en la capital austríaca, con un mes de intervalo, durante la primavera de 1787. Iniciada su redacción en marzo, el Quinteto en Do mayor, K 515 -el de proporciones más vastas de toda la serie- queda concluido el 19 de abril, es decir inmediatamente antes de que su autor comenzara a trabajar en Don Giovanni, con cuyos pasajes más solemnes y majestuosos comparte cierto aire de familia.

Junto con el coetáneo Quinteto en Do menor, K 406 (transcripción de la Serenata para vientos en Do menor, K 388), los Quintetos K 515 y 516 pertenecen a un período pletórico de la creación mozartiana. No obstante, instalado en Viena desde 1781, su condición de “compositor libre” comenzaba a traducirse en una situación económica lindante con la precariedad. De ahí, acaso, la necesidad de retomar la idea de componer quintetos de cuerda, bien para dedicarlos a algún rico mecenas que aliviara sus dificultades financieras o para venderlos mediante suscripción.

Es probable que, como apunta Einstein, la pareja de nuevos quintetos de cuerda fuera elaborada por Mozart con objeto de dedicárselos a quien desde 1876 ostentaba el trono de Prusia, Federico Guillermo II, notable violonchelista que acababa de contratar como músico de la corte a Boccherini aunque, en ese caso, hubiera sido más lógico emplear -a semejanza del músico italiano- la plantilla de dos violonchelos y otorgar así mayor protagonismo a su ilustre destinatario.

En todo caso, el 1 de abril de 1788 el Wiener Zeitung publicaba un anuncio en el que se ofrecían “Tres nuevos quintetos a 2 Violini, 2 Viole, e Violoncello, que ofrezco a la venta por suscripción, en hermosas y correctas copias. El precio de suscripción es de 4 ducados […]. Kapellmeister Mozart, en la actualidad al servicio de su majestad”. Una oferta, referida a los Quintetos K 515, 516 y 406, que no encontraría eco entre el público vienés, lo que obligaría al compositor a prorrogar el plazo de entrega hasta el 1 de enero de 1789.

Gemelo y, a la vez, opuesto en carácter a su hermano inmediato en Sol menor, el Quinteto K 515 -optimista, seguro, vital- muestra para Halbreich “una majestad olímpica y que sobrepasa a todas las otras obras instrumentales de Mozart por la amplitud de sus desarrollos”.

01-Allegro
Un motivo enérgico a cargo del primer violín y el violonchelo -que desarrolla aquí un papel claramente concertante- inaugura el discurso del concentrado Allegro inicial, página muy dilatada que muestra la soberana sabiduría constructiva y el perfecto equilibrio entre las diversas voces logrados por el aún joven músico.

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02-Andante
Los diálogos entre el primer violín y la viola proliferan en el apasionado Andante, cuyo trazo delicado y aéreo parece evocar la reposada atmósfera nocturna de una escena operística.

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03-Menuetto-Allegretto
El Menuetto sorprende por su impropia y enrarecida melancolía, poblada de audaces cromatismos. A destacar igualmente las desusadas dimensiones del trío, a modo de nostálgico Ländler de aroma preschubertiano.

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04-Allegro
Un ambicioso Allegro en forma de rondó sonata de tono galante y extraordinaria riqueza motívica -muestra elocuente del logrado maridaje conseguido por Mozart entre “homofonía y contrapunto, galantería y erudición” (Einstein)- otorga libre curso al virtuosismo del primer violín.

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Texto

Juan Manuel Viana: PDF sobre la integral de los Quintetos de Cuerdas de Mozart conciertos organizados por la Fundación Juan March - Madrid - Diciembre de 2008

SOBRE LA VERSIÓN DE LOS DOS QUINTETOS:
Violín I: Arthur Grumiaux
Violín II: Arpad Gérecz
Viola I: Georges Janzer
Viola II: Max Lesueur
Cello: Eva Czako

GRABACION:
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eldalai - se agradecen comentarios

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