domingo, 20 de septiembre de 2009

Camille Saint-Saënz: X: Un viaje por Africa del Norte


Camille Saint-Saëns tuvo siempre una marcada atracción por el África del norte, por las tierras árabes africanas. Allí pasaba sus vacaciones, paseaba por sus arenas y sobre todo recogía aquí y allá las melodías folklóricas de los pobladores de toda la zona entre los desiertos del Sáhara y de Libia, y el Mediterráneo. Tanto amó al África del norte que quiso el destino que allí lo encontrara la muerte, en la ciudad de Argel, uno de sus lugares preferidos.

Las músicas que Saint-Saëns recogiera en sus largas estadías invernales en el norte africano fueron muy tenidas en cuenta para sus composiciones. Varias veces escribió obras con directas referencias al mundo árabe que tánto amara: además de obras menos conocidas, como el Recuerdo de Ismailía y el Capricho árabe, ambas para dos pianos, compuso la fantasía África, la Suite argelina y el Concierto egipcio. Y otras veces utilizó los modos melódicos norteafricanos para otras obras que no tienen ninguna referencia a ese mundo: tal el Concierto nº 4, para piano y orquesta, con claras relaciones con el folklore de su amada tierra de del otro lado del Mediterráneo.

Primera Parada: Tunez
África Fantasía para Piano y Orquesta. Op 89

África, una obra para piano y orquesta, de gran atractivo sonoro y lucimiento pianístico, que introduce ritmos nativos tunecinos, y que finaliza con una coda furiosa y enervante, que se basa en una melodía popular, también de Túnez.

De la mano de Stephen Houg al piano, y la Sinfónica de Birminghan con la dirección de Sakari Oramo y de la Integral de las obras de Saint-Saëns para piano y orquesta que puedes conseguir aqui.

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Segunda Parada: Argel
Suite Algérienne, Op.60

La Suite argelina, op. 60,  recoge el gusto francés por la música descriptiva y se inscribe en la serie de las «escenas pintorescas», variante del poema sinfónico que Saint-Saëns, Massenet, d’lndy o Gustave Charpentier ilustraron de manera brillante a finales del siglo XIX. La Suite argelina se compuso en dos tiempos. El «Ensueño oriental» (que finalmente fue el «Ensueño nocturno») fue escrito para una circunstancia particular: un concierto en la Ópera de París, el 7 de junio de 1879, «en beneficio de los inundados de Szegedin». Una gran pianista de la época, Mme. Szárvady, de origen húngaro y gran amiga de Saint-Saëns, le había solicitado la obra al compositor. Un comentario explica la pieza: «Hace cuatro años, Saint-Saëns fue a Argelia en busca de un retiro solitario donde componer con tranquilidad su ópera Sansón y Dalila, y fue allí donde apuntó el motivo de este ensueño oriental». Esta página, considerada «poética», obtuvo un éxito tan importante, bajo la dirección del compositor, que se volvió a presentar el 15 de junio de 1879. El editor Durand, olfateando un buen negocio, insistió para obtener más «cuadros pintorescos». Saint-Saëns escribió la Suite argelina tal como la conocemos durante el verano de 1880. Trabajó en ella del 12 de julio hasta finales de agosto de 1880 en Boulogne-sur­-Mer, lejos de Argelia, y anunció que había terminado la suite «que tenía prometida desde hacía tiempo y de la que forma parte el Ensueño árabe». Finalmente completa, la Suite argelina se estrenó en el Châtelet, bajo la dirección de Édouard Colonne, el 19 de diciembre de 1880, para sorpresa de un público desconcertado que recién le otorgó un éxito claro con ocasión de la segunda audición, el 26 de diciembre. El Preludio, a la vista de Argel (nº 1) y el Ensueño nocturno, en Blidah (nº 3), título definitivo, han podido considerarse piezas pre­impresionistas.

Podemos apreciarla ejecutada por la Orquesta de la Suiza Italiana , dirigida por Francis Travis, con Jody Levitz en solo de viola para el Ensueño y puedes conseguirla aquí

El Preludio... se basa en un tema enunciado con discreción por las cuerdas, que se alarga y se afirma progresivamente mientras lejanas fanfarrias dejan adivinar la animación de una ciudad que no puede alcanzarse más que navegando por un mar agitado.

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En la Rapsodia morisca (nº 2 de la suite) Saint-Saëns no hace brillar más que al final el tema con todo su esplendor y la orquesta completa con los instrumentos de rigor: triángulo, tambor y gran caja, como si el compositor hubiera querido proponer antes evocaciones fugaces mediante la división del tema, de los instrumentos, los pizzicati del principio, efectos de armónicos y matices suaves. El biógrafo George Servières destaca en este número la plenitud de brío en sus oposiciones de ritmo, artificios canónicos y colorido variado.


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El número más bello de la Suite argelina es sin duda el 3º, Ensueño nocturno (Rêverie du soir). Las dos flautas anuncian con discreción los temas de la página, que la viola sola expondrá por entero y que la orquesta retomará incansablemente en colores sonoros, con destellos siempre renovados, en una especie de suspensión del tiempo que une los matices de la melancolia a los colores cambiantes de una ciudad oriental: el folklore local se hace acá más evidente aún que en el resto de la suite. La delicada y magnífica orquestación de Saint-Saëns está aquí tan presente como en sus mejores partituras. Por supuesto que estamos en la noche, en la aldea argelina de Blidah —donde moraba el compositor en sus vacaciones norteafricanas— y la sutileza de la melodía argelina se deja oír como en un sueño.


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Y la página final es la más conocida y sin embargo es la menos interesante de la Suite argelina: la Marcha militar francesa. Estamos en una colonia francesa, en el siglo XIX, y es la legendaria Legión Extranjera la que desfila por las calles de Argel tocando esta marcha.


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Tercera Parada: Egipto
Concierto para Piano y Orquesta Nº 5 en Fa Mayor. Op 103 "Egyptian" 



En 1896 Saint-Saënz concibió y realizó el quinto y último de sus conciertos para piano con el fin de interpretarlo él mismo ese año durante las celebraciones de su jubileo como pianista. En efecto, en 1846, a la tierna edad de once años, Camille Saint-Saëns había hecho su debut ante el piano en calidad de auténtico niño prodigio, y durante el resto de su carrera, aun cuando ya había establecido plenamente su reputación como compositor, se mantuvo muy cerca de un teclado u otro, ya fuera el piano o el órgano. Para escribir este concierto pianístico, Saint-Saëns aprovechó unas vacaciones invernales que lo llevaron a Egipto, donde tuvo la oportunidad de ponerse en contacto cercano con paisajes, texturas, sabores, colores, olores y sonidos diversos de las culturas del norte de África. Al parecer, el compositor asimiló a profundidad muchas de sus experiencias sensoriales en Egipto y, según los entendidos, las volcó hábilmente en su Quinto concierto para piano. Se afirma que es posible detectar en esta obra la peculiar luz del amanecer egipcio, así como el croar de las ranas en el valle del Nilo y el canto de los boteros egipcios. Más aún: algunos musicólogos afirman que en el movimiento final del concierto se puede apreciar, en la componente rítmica del molto allegro, la cadencia de la propela del barco que llevaba a Saint-Saëns por el río Nilo. Si bien todo esto bien puede ser producto de la fantasía y, como tal, refutado paso a paso, lo que no parece estar a discusión es el hecho de que el segundo movimiento del Quinto concierto de Saint-Saëns tiene como fundamento melódico una canción de amor escuchada por el compositor a su paso por Nubia. (Antigua región del noreste africano, que se extiende aproximadamente desde el valle del Nilo en Aswan, cerca de la Primera Catarata en el Alto Egipto, hacia el este hasta el Mar Rojo, hacia el oeste hasta el desierto de Libia y hacia el sur hasta Kartum, la capital de la República del Sudán). He aquí la razón por la que se conoce a este concierto con el sobrenombre de Egipcio. 

En un interesante artículo sobre Saint-Saëns y su último concierto para piano, James Harding hace una descripción que pinta al compositor de cuerpo entero. Dice Harding que el día del estreno del concierto, en plena celebración de su jubileo, Saint-Saëns salió al escenario caminando de prisa, se sentó de inmediato ante el piano y sin más preámbulos ejecutó el estreno mundial de su pieza. Habiendo tocado con la sólida técnica que lo caracterizaba y sin mostrar aflicción alguna por las evidentes dificultades de la partitura, Saint-Saëns se levantó prontamente, hizo una leve reverencia de compromiso y abandonó el escenario tan rápido como había llegado. Esto no hace sino reafirmar el hecho de que Saint-Saëns fue siempre un músico hábil, mas nunca apasionado.


Con Jean Phillippe Collard al piano y la Royal Filarmónica dirigida por André Previn.


Movimientos:
I. Allegro Animato

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II. Andante - Allegretto tranquilo cuasi andantino (mi preferido)

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III. Molto Allegro.

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Agradezco a Walter A Ravanelli de Oido Fino
eldalai

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