domingo, 6 de septiembre de 2009

Camille Saint-Saëns - I. Biografía


El 6 de Mayo de 1846 la Sala Pleyel de París estaba muy concurrida, la orquesta del Teatro Italiano dirigida por Théophile Tilmant, ejecutan el Concierto Nº 15 para Piano y Orquesta de W. A. Mozart, con la participación como solista al piano de un niño de 10 años, que además ejecutaría una fuga de Handel, un preludio y fuga de Bach, una tocatta de Kalbrenner y una sonata de Hummel absolútamente de memoria cosa poco común en aquella época.

El exito del Concierto conmocionó a la sociedad parisina. Los críticos periodistas coincidían: - "Saludemos el glorioso debut de este emulo de Mozart" -.Alguien pregunta a la madre: -"Si a los diez años toca la música de Bach y de Mozart a los veinte años que tocará"- -"La suya" - respondió su madre sin titubear. Charles Camille Saint-Saënz había entrado en las páginas de la Historia de la Música.

Charles Camille nació el 9 de octubre de 1835 en la Rue du Jardinet, (en el Barrio Latino de París). Su apellido es el nombre de un pequeño pueblo de Normandía del que procedía su familia, de origen campesino. Su padre, Victor Saint-Saëns, era un funcionario público que se estableció en París y que en 1834 se casó con Clémence Collin .

Victor Saint-Saënz fallece de tuberculosis a los tres meses del nacimiento de Camille. Los médicos aconsejaron a su madre que enviara al delicado niño con una niñera a respirar los aires del campo a Corbeil, durante un periodo de dos años, ya que era probable que su padre le hubiera transmitido la enfermedad. (Estaban en lo cierto, ya que Camille padeció a lo largo de toda su vida afecciones pulmonares). Su madre Clemence tenía pocos medios para criarlo y recibió con agrado la oportunidad de seguir viviendo con su tía abuela, Charlotte Masson, cuando ésta enviudó.

A finales de 1837, el pequeño Camille volvió a París y vivió rodeado del cariño de estas dos mujeres, sobre todo de Charlotte, que ya desde muy niño le permitió tocar el piano. Con los años, llegó a ser uno de los mayores talentos musicales de todos los tiempos, siendo de niño un prodigio al piano, dotado de oído absoluto.

A los 2 años y medio se sentó por vez primera frente a un pequeño piano que nadie había abierto desde hacía años: el pequeño Camille tocaba las notas una a una, cuidadosamente, hasta oírlas desaparecer; hubo que afinarlo y desde los 2 años empezó a practicar el piano con su tía abuela, que aunque no era profesora tenía una sólida formación musical. Le consiguieron piezas fáciles de Haydn y Mozart, ya que no quería tocar las piezas habituales de los álbumes infantiles. Comenzó también muy pronto a componer. Su primera obra fue una pequeña pieza para el piano, datada el 22 de marzo de 1839 (cuando tenía 4 años y 7 meses), que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia. A los 5 años escribió su primera canción (Le Soir) y ya podía tocar sonatas sencillas al piano. La precocidad de Saint-Saëns no se limitó sólo a la música, ya que a los 3 años ya leía y escribía, y cuatro años más tarde, empezó a aprender latín.

Se subió por primera vez a un escenario tocando como acompañante el piano en la Sonata para violín de Beethoven. En 1842, cuando tenía 7 años, Saint-Saëns comenzó a tomar lecciones de piano con Camille-Marie Stamaty (1811-70), un discípulo de Friedrich Kalkbrenner que obligaba a sus alumnos a tocar el piano con los antebrazos apoyados en una barra situada frente al teclado, para que no fortalecieran los brazos, sino las manos y los dedos. Estudió el Clave bien temperado de Bach —analizando los elementos de las fugas—, las obras pianísticas de Schumann y Liszt, así como la armonización e instrumentación de alguna de las obras de Wagner. Por propia iniciativa estudió en profundidad la partitura de Don Giovanni (de Mozart).

La familia Saint-Saëns vivía pared con pared con Granger, un pintor discípulo de Ingres. Ambas esposas se hicieron muy amigas y muchas veces los Saint-Saëns acompañaban a los Granger al estudio de Ingres y juntos daban largos paseos. Así conoció Camille al famoso pintor, cuando tenía cinco años, e Ingres, a menudo, le hablaba de Mozart, de Gluck y de otros músicos del pasado. Camille ya tocaba con bastante soltura algunas de las sonatas de Mozart y dejaba atónito al maestro, que acudía a escucharle de vez en cuando. A los 8 años compuso un adagio y con toda seriedad se lo dedicó. El pintor le correspondió con un pequeño medallón, que tenia en uno de los lados un dibujo a lápiz de Mozart de perfil, y, al otro, la siguiente dedicatoria: «A M. Saint-Saëns, encantador intérprete de un divino artista».

Stamaty le consiguió un recital en la Sala Pleyel, que fue su debut público, el 6 de mayo de 1846, acompañado por el maestro italiano Tilmant. Interpretó el Concierto en do menor de Beethoven y el Concierto de piano nº 15, KV 450 de Mozart, con una cadencia final de su propia invención. Tocó también varias piezas de Händel, Kalkbrenner, Hummel y Bach. Como bis, Saint-Saëns se ofreció a tocar, de memoria, cualquiera de las treinta y dos Sonatas para piano de Beethoven. En los periódicos de casi toda Europa —e incluso en alguno de los Estados Unidos, de Boston— aparecieron reseñas de este increíble concierto y fue saludado como un nuevo Mozart. Stamaty quería que Camille emprendiese una vida de joven concertista prodigio, con él como manager, pero su madre, más preocupada por su mala salud y por darle una educación general, no aceptó más encargos y a partir de ese momento la relación entre pupilo y maestro se enfrió.

Siguió los estudios ordinarios con brillantez, y mostró un gran interés por todas las disciplinas científicas y literarias.

Gracias a Stamaty conoció a quien sería su profesor de composición, Maleden. Siempre le guardó un gran cariño, pese a reconocer que sus clases eran a veces muy tempestuosas. Maleden había perfeccionado un método propio de enseñanza, que se basaba en considerar los acordes no en sí mismos —como quintas, sextas o séptimas—, sino según el lugar de la escala en la que aparecían. Tenían diversas características según el lugar que ocupaban y, podía explicar ciertas cosas que en sí no eran inexplicables. Este método se enseñó durante algún tiempo en la École Niedermeier, pero enseguida cayó en desuso.

En 1848, ingresó en el Conservatorio de París —el antiguo conservatorio de la rue Bergère—, primero asistiendo como oyente a la clase de órgano de François Benoist, y más tarde como alumno oficial. Estudió composición con el maestro Jacques Halévy, que faltaba frecuentemente por estar muy ocupado con sus propias óperas, lo que permitió a Saint-Saëns pasar largas horas en la biblioteca estudiando música antigua y moderna. También tomó lecciones de acompañamiento y de canto y a menudo asistía a las interpretaciones de la Societé des Concerts, gracias a que Marcelin de Fresne le permitió permanecer en su palco, lo que hizo durante varios años. En esos años del Conservatorio comenzó a sentir devoción por Victor Hugo, pasión que mantuvo toda su vida esperando impaciente y devorando cada obra nueva del poeta, como manifiesta la cantidad de poemas a los que puso música. Recibió los consejos de Charles Gounod. Obtuvo el primer premio de órgano, pero nunca logró ganar el prestigioso Prix de Rome, al que se presentó en 1852 —también lo hizo en 1864—, siendo rechazado por ser aún muy joven. Sin embargo, la obra presentada en 1852, la cantata Ode à Sainte-Cécile, pronto tuvo su recompensa, ya que consiguió el primer premio en el concurso organizado por la Société Sainte-Cécile de Burdeos ese mismo año de 1852.

En 1853, a los 16 años, compuso su primera Sinfonía en mi bemol mayor, una obra que remitió a la Société Sainte-Cécile, anónimamente como de un compositor alemán, ya que así conseguiría que lo tomaran en serio y no lo rechazasen por su edad. La obra fue admitida y, una vez conocida su autoría, fue estrenada el 11 de diciembre de 1853, dirigida por Seghers, con gran éxito. Provocó el asombro de varios críticos y compositores asistentes, como Gounod, Schumann, Rossini y Berlioz, que comentó: «Lo sabe todo, pero le falta inexperiencia». («Il sait tout, mais il manque d'inexpérience»).

Seegers acostumbraba a invitar a los jóvenes talentos a su propia casa y allí fue donde conoció a Franz Liszt, con el que habría planeado dar un ciclo de conciertos con los últimos cuartetos de Beethoven, que al final no fructificó. Seegers conocía a Liszt, pues había sido profesor de su mujer, una pianista bastante reputada, y reaparecía en París tras muchos años, casi como leyenda. Así lo conoció el joven Camille, con 18 años, asistiendo a una interpretación que consideró prodigiosa. Aunque ya conocía y admiraba sus obras:

Saint-Merry, puesto que desempeñó hasta 1857. Cuando cumplió los 17 años, el abad de la iglesia, el padre Gabriel, le invitó -como agradecimiento tras haberle dedicado Saint-Saëns su Misa opus 4- a acompañarle a solas en un viaje a Italia para poder escuchar el coro de la Capilla Sixtina. Fue el primero de los muchos viajes que realizó a lo largo de toda su vida. A partir de 1857, sustituyó a Lefébure-Wely en el papel de organista de la Iglesia de la Madeleine, uno de los puestos de organista mejor remunerados de todo París —300 francos por año — y para el que había gran competencia, un puesto que mantuvo hasta finales de 1877.

Sus improvisaciones encandilaron al público parisino y le granjearon el elogio de Liszt, que acudió a escucharle y que en 1866 dijo que Saint-Saëns era el «premier organiste du monde» (el más grande organista del mundo). Con el tiempo, Liszt llegó a ser uno de sus mejores amigos. También en ese año 1856, presentó su Sinfonía Urbs Roma al concurso de la Société Sainte-Cécile, obteniendo de nuevo otro primer premio.

Además de dedicarse a sus propias composiciones, colaboró en la edición de obras de Gluck, Beethoven, Liszt, Mozart y de los clavecinistas franceses. En 1858, el editor Girod le pagó 500 francos por sus Seis dúos para armonio y piano. Con ese dinero se compró un telescopio, que montó él mismo siguiendo las instrucciones.

En 1861 conoció a Wagner cuando actuaba como pianista en la Ópera de París en una presentación de Tannhäuser. Wagner quedó encantado con aquel joven pianista que tocaba a primera vista con tanta facilidad y comprensión su complicada obra. Wagner, algunos años más tarde dirá que Saint-Saëns es "el mas grande compositor francés vivo". Por su parte, Saint-Saëns defendió con ahínco su música —en especial Tannhäuser y Lohengrin—, y también la de Schumann, contra la opinión generalizada de la Sociedad del Conservatorio.

De 1861 al 1865 se dedicó, por primera y única vez, a la enseñanza, obteniendo la cátedra de piano en la École Niedermeyer. Se saltó la tradición al incluir en los programas obras de compositores contemporáneos, como Liszt, Gounod, Schumann, Berlioz y Wagner, cuando no se preveía más que a Bach y a Mozart. Entre sus alumnos hubo futuros grandes compositores, como André Messager, Jacques Albert Perilhou, Eugène Gigout y Henri Duparc, y uno destinado a la celebridad, Gabriel Fauré, su discípulo preferido, al que también distinguió con su amistad. En esos años también entabló amistad con los compositores Bizet, Rossini y Berlioz, con la cantante Pauline Viardot y con el grabador Gustave Doré.

En casa de su madre se reúnen Lemoine, el politécnico mélomano, fundador de la Trompette, Henri Régnault, pintor doble de un tenor que hacía las delicias del cenáculo y que, el primero, debía de cantar en una de estas reuniones íntimas, "Samson et Dalila"; Clairin, otro pintor, Cazalis, médico, poeta y filósofo que escribió las estrofas de "La Danse Macabre"; Augusta Holmès, la reina y la musa adorada y respetada de este reino del arte y del pensamiento.

En 1864, siendo ya un compositor muy conocido, decidió de forma sorprendente participar de nuevo en el Concurso de Roma, y de forma también sorprendente, no fue elegido. El jurado premió a un compositor llamado Victor Sieg.

En 1866 comenzó a interesarse por la ópera y a frecuentar a Berlioz, que entonces tenia ya 64 años. Asistía a muchos ensayos de Berlioz, que por esa época supervisaba la producción de Armide, de Gluck, en el Teatro Lírico. Saint-Saëns será siempre un gran admirador suyo, aunque eso no le impidió criticar sus supuestos defectos, como el tratamiento de las voces como si fueran un instrumento.

En 1867, su cantata Las bodas de Prometeo ganó el primer premio del concurso organizado en conmemoración de la Grande Fête Internationale du Travail y de l'Industrie. Los miembros del jurado eran Rossini, Daniel Auber, Berlioz, Giuseppe Verdi y Gounod, constituyendo seguramente uno de los jurados más destacados de todos los tiempos. Al año siguiente, en 1868, Saint-Saëns dirigió una serie de conciertos, teniendo como solista al ya famoso Antón Rubinstein. Enseguida simpatizaron y Rubinstein le comentó que nunca había dirigido en Francia; Saint-Saëns le consiguió inmediatamente un concierto tres semanas más tarde y le propuso estrenar un concierto de piano que él le escribiría. Este es el origen de una de sus obras más famosas, su Segundo concierto para piano, escrita en diecisiete días y que tuvo un éxito clamoroso, con el compositor al piano y el pianista y director ruso al frente de la orquesta, el 13 de mayo de 1868. Lo ocurrido comenzó a comentarse en los círculos musicales y a publicarse en los periódicos y, poco a poco, este concierto fue uno de los más conocidos en todo el mundo. Ese mismo año fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en reconocimiento a su prestigio.

Saint-Saëns en esos años quería escribir una ópera, y por ello no desdeñó un libreto que le ofreció Leon Carvalho, director del Teatro Lírico, que otros compositores no quisieron, ya que tenía pocas posibilidades de ser interpretada, Le timbre d'Argent. Consiguió que Barbier y Carré le pulan el librero y se retiró dos meses a Louveciennesdonde acabó la partitura. Carvalho no mostró ningún interés por la obra durante dos años, pero ante la insistencia de Saint-Saëns, le permitió que le tocara la partitura al piano, tras una cena en casa del empresario. Carvalho tenia la intención de montar un espectáculo con muchas bailarinas —quería para su mujer un papel principal— y le obligó a realizar continuos cambios, y cuando finalmente parecía que iba a producirse, la compañía del Teatro Lírico quebró. Unas pocas semanas más tarde parecía que se vería la obra cuando Perrin, manager de la Ópera, se interesó por la obra. De nuevo, solicitó cambios y adaptaciones y no logró un clima de cooperación con el compositor y finalmente perdió interés por la obra. Casualmente, un sobrino suyo de Locle, se hace cargo del Teatro de la Ópera Cómica y entonces sí parece que va a haber producción cuando estalló la Guerra franco-prusiana. Saint-Saëns, desgraciadamente, no pudó ver montada su primera ópera, una obra que tantos esfuerzos y desvelos le había consumido. (La obra se estrenó en París, en el Théátre Lyrique, el 23 de febrero de 1877, y fue repuesta en una nueva edición en 1913.)

En julio de 1870 Saint-Saëns viaja a Weimar para asistir a los festejos de celebración del centenario de Beethoven y tocó con el gran pianista Ratzenberger. Días más tarde, se inicia la guerra. Durante el sitio de París (septiembre de 1870-enero de 1871), Saint-Saëns se incorporó como simple soldado a la Guardia Nacional —sirvió en el 4º Batallón del Sena—, una experiencia que pese a durar sólo cinco meses, le causó una profunda impresión. Hizo guardias en las murallas e hizo de apagafuegos. Entre salidas, daba conciertos a beneficio de las ambulancias o reanimaba con su música el coraje desfalleciente de sus camaradas. Compuso una Marche Héroique en memoria de su amigo Régnault, muerto en la batalla que se libró en las cercanías de París. Durante esos días Saint-Saëns y otros pocos compositores fundan la Société Nationale de Musique con Romain Bussine (con quien compartió la presidencia), Alexis de Castillon, Gabriel Fauré, César Franck y Édouard Lalo, con el objetivo de promover un nuevo y original estilo musical francés. La Sociedad empezó a funcionar una vez que se retiraron las tropas alemanas, en 1871, y organizó con frecuencia conciertos con el estreno de obras de sus miembros —como harán con Fauré, Franck, Lalo, y con el mismo Saint-Saëns— y más tarde de otros compositores, como Chabrier, Debussy, Dukas y Ravel. Desde esta presidencia, la actividad de Saint-Saëns fue determinante en la evolución de la música francesa.

En la primavera de 1871, dada la difícil situación que se vivió con la revuelta de la Comuna de París, Camille, de acuerdo con su madre, reunió algo de dinero y se refugió en Londres, donde se encontró con muchos otros compatriotas, entre ellos Gounod. Debutó con un concierto de ayuda de la Musical Union, que tuvo una gran acogida y en el que el público le demostró un cariño que siempre recordó y que le llevó a viajar frecuentemente a Inglaterra. En esa ocasión dio varios recitales al órgano en el Albert Hall.

A partir de ese momento, comenzó a escribir habitualmente en los periódicos, en el Renaissance littéraire y artistique (renacimiento literario y artístico) —donde firmó como Phémius—, en la Gazette musicale y en la Revue bleue, donde polemizó con muchos compositores, entre otros con el mismísimo Vincent d'Indy.

En 1872 estrenó por fin una ópera, La princesse jaune, una ópera cómica de un solo acto que escribió para Camille Laclos tras haber desestimado Le timbre d'Argent. A propuesta de Laclos, el libretista fue Louis Gallet, a quien Saint-Saëns no conocía, pero que fue desde ese momento uno de sus mejores amigos y colaboradores. La obra que fue un gran éxito. Ese año murió su tía abuela, Charlotte Masson, una de las personas a quien más quiso en toda su vida.

En 1873 organizó y dirigió en París un concierto dedicado exclusivamente a obras de Liszt, siendo el primero en estrenar en Francia sus Poemas sinfónicos. También había sido, el año anterior, 1871, el primer compositor francés en escribir uno: La rueca de Onfalia. Más tarde le siguieron otros poemas: Phaéton (1873), La danza macabra (1874) y La juventud de Hércules (1877).

En julio de 1874 volvió a Londres como invitado en un concierto de la Royal Philharmonic, en el que se interpretó su Segundo concierto. Fue considerado tan moderno que incluso un crítico no fue capaz de determinar en qué tonalidad estaba escrito.

Saint-Saëns era homosexual (lo que en esos días era considerado una abominación) y nunca demostró mucho entusiasmo por el matrimonio. En cierta ocasión, acusado en público de sodomía, replicó: «¡No soy homosexual, soy pederasta!» (Je ne suis pas homosexuel, je suis pédéraste!). (Utilizó el término «pederasta» —a la manera clásica, empleando el término griego— en contraposición con «homosexual», que era un nuevo término alemán, que connotaba una patología mental.)

En 1873, hizo el primero de sus viajes a Argel —peregrinaje obligado de los jóvenes homosexuales europeos— y en un viaje a Rusia, ya casado, en diciembre de 1875 —con motivo de dar una serie de siete conciertos en favor de la Cruz Roja— se encontró con Chaikovski (también homosexual), con quien bailó un ballet improvisado, acompañado al piano por Nikolái Rubinstein.

En 1875 (a los 40 años de edad) conoció a una joven de 19 años, Marie-Laure Truffot († Burdeos, 1950), hija de Rodrigues Philippe Truffot, un próspero industrial y asimismo alcalde de Cateau dans le Nord. Se casaron el 3 de febrero de 1875 en Cateau. Nada más casarse, declaró que estaba demasiado ocupado para realizar el viaje de novios e instaló a su esposa en un apartamento en París, bajo la tutela directa de su propia madre. De alguna manera tuvieron dos hijos, André y Jean-François. El primero falleció el 28 de mayo de 1878, a los dos años de edad, al caer desde una ventana de su apartamento de la rue Monsieur-le-Prince (situada en un cuarto piso). Marie, por la tristeza, fue incapaz de seguir alimentando al pequeño Jean-François y le envió con su madre. Seis semanas más tarde, el 7 de julio, el bebé, de sólo siete meses, falleció, incapaz de superar una malaria.Saint-Saëns culpó a Marie de ambas muertes. Tres años más tarde —a la vuelta de una de sus escapadas al exterior—, le escribió diciéndole que nunca más volvería a vivir con ella. No se divorciaron, pero vivieron separados el resto de sus vidas, sin verse ni establecer ningún tipo de comunicación. Sin embargo, en 1921, ella acudió —aunque oculta con un velo— al funeral de estado de su ex marido. En 1950 Marie-Laure Truffot murió en Cauderan, una pequeña villa cerca de Burdeos, a la edad de 95 años.

A pesar de ser una época muy desafortunada, Saint-Saëns compuso sin descanso en la que fue una de las etapas más fecundas de su vida. Viajó a Bayreuth (Alemania) en 1876 y escribió siete largos artículos para el diario L’Estafette y una serie llamada «Harmonie y mélodie», para Le Voltaire.

Al año siguiente, 1877, finalmente estrenó la ópera Le timbre d’argent, en el Théâtre Lyrique de París. Dedicó la obra a Albert Libon, un rico mecenas que le ofreció 100.000 francos para que se pudiera dedicar solamente a la composición. Albert Libon murió ese mismo año y Saint-Saëns compuso a la memoria de su benefactor, su Réquiem, que estrenó el 22 de mayo en la Iglesia de Saint-Sulpice de París.

Ese mismo año de 1877 también acabó la ópera Sansón y Dalila, con libreto de Ferdinand Lemaire, una historia bíblica (basada en los capítulos 13 al 16 del Libro de los Jueces) que no fue bien acogida por sus allegados cuando les tocó las partes que ya tenía escritas. Sólo obtuvo el apoyo de Liszt, que le consiguió una producción de la obra para Weimar a final de ese mismo año, lo que animó a Saint-Saëns a completar la obra. Liszt mismo dirigió el estreno con gran éxito y al mismo asistió su gran amigo, Gabriel Fauré; luego se representó en Colonia, Hamburgo, Praga y Dresde. Sin embargo, la obra no se estrenó en Francia sino hasta doce años más tarde, y no en París, sino en Ruán. En ausencia de Saint-Saëns, el editor Durand contó con la supervisión de Fauré para su estreno. Sólo cuando ya había sido ofrecida en una docena de ciudades de provincia, pudo oírse, al fin, en 1890, en el Teatro Eden de París. Esta ópera llegó a ser una de las obras más conocidas de Saint-Saëns, y durante mucho tiempo se mantuvo en el repertorio.

En el verano de 1879 volvió a Inglaterra para una interpretación de su cantata La Lyre et le Harpe en el Birmingham Festival. Gracias a la baronesa de Caters, fue invitado al Castillo de Windsor y presentado a la reina reina Victoria. En sus memorias Saint-Saëns recuerda la sorpresa que le causó este encuentro, cuando la reina fue a su habitación para pedirle que tocara para ella el órgano y luego el piano. La velada finalizó con el honor de acompañar a la reina al piano mientras cantaba el aria de Etienne Marcel. La reina incluso sugirió la posibilidad de montar ella misma la obra en el Covent Garden, aunque luego no fructificó esa inciativa.

Su gran amor por Inglaterra le llevó a elegir para su siguiente ópera un tema inglés, Henri VIII, y contó con un libreto de Armand Sylvestre y Léonce Détroyat. Su familiaridad con el bibliotecario del palacio de Buckingham le permitió estudiar muchas partituras de música inglesa, incluidas las partituras originales de Händel. Mientras trabajaba en la obra fue elegido, en 1881, miembro de la Académie des Beaux-Arts. Las pruebas para la obra comenzaron en el otoño de 1882 y finalmente, el 5 de marzo de 1883, se estrenó Henry VIII, con un libreto de Shakespeare y Calderón, con un gran éxito. No pudo acudir al estreno, ya que los médicos le prescribieron un periodo de reposo, que pasó en Argel y luego en Cauterets, exhausto tras un periodo de gran trabajo. Volvió a París en octubre y se encontró la obra incluida en el repertorio del Teatro de la Opera. En 1884 fue nombrado Oficial de la Légion d'Honneur.

Dos años más tarde, en 1886, Vincent d'Indy y sus aliados lograron al fin apartar a Saint-Saëns de la Société Nationale de Musique, disgustado con la decisión de interpretar obras de compositores extranjeros. Sin embargo, fue uno de sus mejores años. Finalizó la Sinfonía nº 3, para la Royal Philharmocic Society. La obra fue estrenada el 19 de mayo de 1886 en Londres, dirigida por el propio compositor. Unos meses más tarde, la obra fue dedicada a la memoria de Franz Liszt, que había fallecido en Bayreuth el 31 de julio de 1886. Se fue de vacaciones a Australia, donde compuso en pocos días el Carnaval de los animales, una obra que él consideró siempre un divertimento y que tan sólo fue publicada enteramente a su muerte (sólo accedió a publicar en vida la tremendamente popular Le Cygne, para violonchelo y piano). Ambas obras llegaron a ser sus dos obras más populares.

La vida de Benvenuto Cellini siempre había fascinado a Saint-Saëns y decidió dedicarle su siguiente ópera. La llamó Ascanio, ya que Berlioz había empleado en una obra suya el nombre del escultor. Comenzó en 1887 y le ocupó todo el año siguiente; la obra fue aceptada, se fijó el estreno para el 31 de marzo de 1889, y los ensayos programados para principios de ese mismo año. ‎Su madre murió el 18 de diciembre de 1888[21] Cayó en una profunda depresión e incluso pensó en el suicidio. El dolor le hizo alejarse de Francía y para general sorpresa, el compositor desapareció. En su domicilio sólo dieron explicaciones sobre un repentino viaje a un lugar desconocido. Ascanio se estrenó y Saint-Saëns no asistió. Se hicieron suposiciones sobre una supuesta locura e incluso se habló de un secuestro.

Viajó a Argelia, a Egipto y pasó luego una temporada en las Islas Canarias, donde adoptó el seudónimo de Sannois. Hasta el verano no se tuvieron noticias suyas, en que fue visto en Gran Canaria y se vio, por tanto, obligado a regresar a París. Estas vacaciones le provocaron un enorme deseo de viajar, cosa que no dejó de hacer los años siguientes.
Ese mismo año, se instaló definitivamente en Dieppe, pequeña localidad de la Alta Normandía, donde había nacido su padre y que llegó a considerar su lugar de adopción. En 1890 se abrió allí un pequeño museo Camille Saint-Saëns, al que legó parte de sus pertenencias, que hoy son expuestas en el Château-Musée de Dieppe, en el Salón Saint-Saëns. Ese mismo año 1890 publicó su primer libro, un poemario titulado Rimes familières.

En el invierno de 1891 estuvo en Ceilán (actualmente Sri Lanka) y allí revisó Proserpina. Volvió a Egipto y encontró El Cairo muy placentero, quedando allí una larga temporada donde escribió Africa, una fantasía para piano. A causa de sus giras de concierto, viajaba frecuentemente y comenzó a escribir una serie de artículos de recuerdos para La Revue bleue. Conoció casi toda Europa, Escandinavia, América del Sur —Argentina y Uruguay,[24] donde escribió el himno nacional para el Partido Colorado— y Asia —la isla de Ceilán (en el sur de la India), Saigón (en Indochina) y el Lejano Oriente.
Teatro de la Opera de París, donde estrenó Samson et Dalila en 1892 (hacia 1900)

En 1892, Samson et Dalila se representó con gran éxito en la Ópera de París. Estrenó en la Comédie Française la música restaurada de Lully Le Sicilien, ou L'amour peintre. Más tarde entregó la música de Charpentier para Le malade imaginaire, de Molière, en el Grand-Théâtre. Él mismo publicó una comedia en la editorial Calman Lévy: La Crampe des écrivains, que fue representada en el Teatro municipal de Argel el 17 de marzo de ese año.

En 1893 dirigió Samson et Dalila en el Covent Garden, en una versión de oratorio, ya que la Iglesia Anglicana no permitía las representaciones de personajes bíblicos en la ópera. En junio de ese mismo año fue nombrado —junto a su amigo Chaikovski, Max Bruch y Arrigo Boito— Doctor Honoris Causa in Music por la Universidad de Cambridge. En ese viaje volvió a asistir a una cena en el Castillo de Windsor con la reina. En sus memorias también habla de este encuentro y del interés que mostró la reina por la suerte de su ópera Henri VIII.

A partir de 1894, supervisó la edición completa de las obras de Jean-Philippe Rameau para la editorial Durand. A los ojos del mundo, era ya el más grande compositor francés vivo.

En 1895 hizo un viaje por el Lejano Oriente, conociendo gran parte de China. Ese mismo año se representó Frédégonde en la Ópera de París. Él mismo acabó y rebautizó Brunehilda, obra que Ernest Guiraud había dejado inconclusa.

En 1896 se celebró un concierto en la Sala Pleyel en conmemoración del 50º aniversario de su primer concierto público. Ese mismo año solicitó la ayuda del rico mecenas Fernand Castelbon de Beauxhostes, para sufragar la reparación de las arenas de Béziers. La existencia de unas ruinas sin uso hizo pensar a Castelbon en montar una serie de espectáculos populares al aire libre, en el mismo espíritu que animó las representaciones de las tragedias griegas. La serie de los Festivales de Béziers se abrió con la ópera Dejanire, con libreto de Louis Gallet y decorados de Marcel Jambon. El 28 de agosto de 1898, 8000 personas asistieron a la representación. La orquesta requerida comprendía la Guardia Municipal de Barcelona, la Lyre Biterroise (la formación de Castelbon), 110 cuerdas, 18 arpas, 245 trompetas y más de 200 cornetas. El estreno fue sensacional y lo dirigió Fauré, contando para los principales papeles con Felia Litvinne[26] (Dejanire) y Lucien Muratore (Hercules). La obra fue repetida al año siguiente. Para conmemorar el inicio del siglo, Castelbon le quiso encargar un nuevo trabajo, pero él le sugirió que lo hiciera Fauré, que estrenó Promethée.

En la inauguración de la Exposición Universal de París (1900) se estrenó Le feu céleste, una cantata que festeja la electricidad y que muestra el interés que Saint-Saëns, con 65 años, aún conservaba por todas las cosas que sucedían a su alrededor, y en especial, por los avances científicos. Es nombrado Gran Oficial de la Legión de Honor y condecorado con la Cruz del Mérito otorgada por el emperador Guillermo II. En 1901, fue nombrado presidente de la Académie des Beaux-Arts y un año más tarde, en 1902, fue nombrado Commander de la Real Orden Victoriana, a lo que siguió la composición de una marcha para la coronación de Eduardo VII. El 2 de agosto estrenó en Beziers Parysatis, basada en la célebre novela de Jane Dieulafouy[28] (que escribió el libreto), y en la que utilizó nada menos que 450 instrumentistas y 205 cornetas. También fue un gran éxito, aunque Fauré ,en una carta enviada a su mujer, de forma un poco maliciosa lo compara con el que él mismo había tenido con el estreno de Prometeo: un éxito olympian frente a un éxito olympic.

Pese a todas las distinciones públicas, Saint-Saëns vivió el resto de su vida en soledad, acompañado de sus perros, en especial de su caniche Dalila. Sir Thomas Beecham —quien dirigió a Saint-Saëns en la interpretación de los conciertos de piano del propio compositor— le describió como «un hombre extremadamente irritable» ("a most irritable man").

El 8 de febrero de 1903, Sarah Bernhardt bailó Andromaque, ballet con música que ella misma encargó a Saint-Saëns. Éste publicó ese mismo año, y también en Calmann Lévy, la comedia Le Roi Apepi que se estrenó en el Teatro Municipal de Béziers el 13 de agosto. En 1905 Saint-Saëns permitió al coreógrafo ruso Michel Fokine usar Le cygne (de el Carnaval de los animales) para el espectáculo de Anna Pavlova The Dying Swan (La muerte del cisne), que será el comienzo de la carrera de la bailarina y uno de sus más afamados ballets.

En 1906 viajó por vez primera a Estados Unidos dando conciertos en Filadelfia, Chicago y Washington. La gira resultó muy penosa, ya que Saint-Saëns cayó enfermo. Se repuso a su vuelta a París y, en agradecimiento, compuso Praise ye the Lord, una obra para doble coro, orquesta y órgano. En 1907, fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford y la ciudad de Dieppe le honró con una estatua, acto al que asistió el compositor. En 1908, fue el primer compositor de renombre en escribir para el cine, componiendo la música para L'assassinat du duc de Guise, una película de André Calmettes y de Charles Le Bargy, que fue el primer film en tener un gran éxito popular. El mismo año publicó una Ode à Berlioz y la comedia Botriocéphale, que fue estrenada en París.

En la temporada de 1910-11, el Théâtre de Argelia programó cinco de sus óperas seguidas, y en 1913 recibió en El Cairo la Gran Cruz de la Legión de Honor. En 1914 escribió una serie de artículos intitulados Germanophilie, donde denunciaba lo que él consideraba una progresiva banalización de la música alemana, incluyendo en ella la música, antes tan estimada, de Wagner. En 1915 viajó por segunda vez a los Estados Unidos y dio una serie de conferencias y conciertos en Nueva York y San Francisco. Al año siguiente, hizo una gran gira de cuatro meses por América del Sur.

El 6 de agosto de 1921, para celebrar sus 75 años de carrera como pianista, dio un concierto de sus obras en el Casino de Dieppe. El 21 fue a Béziers para dirigir una reposición de Antigone. De regreso a Argel, donde pasaba largas temporadas, trabajó en la orquestación de algunas obras. Camille Saint-Saëns falleció víctima de sus afecciones pulmonares el 16 de diciembre de 1921, a los 86 años, en el Hôtel de l’Oasis, de Argel, en un día que pasó apaciblemente y en el que trabajó un poco e incluso cantó unas arias de Verdi. Sus restos mortales fueron trasladados a París para celebrar el 24 de diciembre un funeral de estado, de una majestuosidad imponente en la Iglesia de La Madeleine. Fue enterrado en el Cementerio de Montparnasse, en compañía de su madre y de sus dos pequeños que tanto quiso. En el cementerio de Montparnasse leyó un discurso Léon Bérard, Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. Finalizaba con las siguientes palabras:
Las obras maestras de Saint-Saëns son uno de los más gloriosos resplandores del genio francés. (Les chefs-d'œuvre de Saint-Saëns sont un des plus glorieux rayonnements du génie français).
Léon Béraud

En 1937, el escultor Henri-Louis Bouchard hizo una estela conmemorativa en mármol para el vestíbulo de la Opéra de París, en reconocimiento a la importancia de Saint-Saëns en la historia de la música francesa. Muchas ciudades le han dedicado una calle, como París, Marsella, Carcasona, Amiens, Brest, Ruán, Laval, Béziers, Fontainebleau, etc. En Ruán, desde 1956, hay un instituto en su honor, el Lycée Camille Saint-Saëns.

Camille Saint-Saënz en la Argentina
Saint-Saëns estuvo dos veces en el Río de la Plata. En 1904, invitado por el gobierno, dio una serie de conciertos de órgano en la Iglesia de la Merced (Buenos Aires) y audiciones de música de cámara, con un inmenso éxito, en el Teatro Odeón porteño, en los teatros Rivera Indarte y Argentino (ambos de la ciudad de Córdoba) y en el Palacio de la Música de Montevideo. De su paso por la capital uruguaya ha quedado como insólito recuerdo el manuscrito de un himno compuesto por encargo del Partido Colorado. El prometido regreso se produjo doce años más tarde. Entre mayo y junio de 1916 dirigió en el casi flamante Colón las seis primeras representaciones en francés de Samson et Dalila y, en un concierto celebrado el 7 de julio, el primer acto de la misma ópera, el poema sinfónico La juventud de Hércules (1877), la música de escena para el drama de Brieux La fe (1909) y fragmentos de su ópera Enrique VIII (1883). El compositor Arturo Luzzatti narra cómo, en plena guerra mundial y con todas las precauciones del caso (ensayos de salvamento, etc.), él viajó desde Génova en el vapor Tomaso di Savoia junto con el viejo Saint-Saëns, el elenco de Sansón (la mezzosoprano Jacqueline Royer, el tenor Lafitte y el bajo Marcel Journet), así como Titta Ruffo, Ninón Vallin, Armand Crabbé, Rosa Raisa y otras luminarias de la lírica que intervendrían en la temporada del Colón. Cuenta Luzzatti que Saint-Saëns mantenía a bordo su reconocida reserva, se levantaba al alba, practicaba el piano, dirigía ensayos y hacía puntualmente los honores de la mesa y el champán. Otro cronista de entonces agrega que el músico fue recibido a su llegada por miembros de la colectividad francesa –el paisajista Charles Thays entre otros– y por los jóvenes compositores argentinos José André y Felipe Boero, que se alojó en el hotel París de la Avenida de Mayo y que de inmediato quiso conocer el Colón. Revista Teatro Colón nº 43. Buenos Aires: Teatro Colón, 1997.

el dalai

Fuente
Wikipedia

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